









PROGRAMA:
Centro Comercial
ÁREA:
500m2
UBICACIÓN:
Parque de Miramar, Canelones, Uruguay.
EQUIPO:
HMOZ + Estudio Queirolo Cantera.
FOTOGRAFíA:
Nacho Correa, Marcos Guiponi.
El color en La habitación roja de Henri Matisse invade toda la obra: un mantel estampado que sube, se pliega y se transforma también en pared. Lo único que rompe con la paleta es el paisaje de fondo, de un verde opuesto e intenso. El proyecto arquitectónico comparte con La habitación roja este mismo diálogo con su entorno, además del nombre de su autor.
El sistema constructivo es prefabricado y montado en obra seca en su amplia mayoría. Una trama metálica estructura la totalidad del proyecto, dándole forma y expresión. Los cerramientos se resuelven mediante chapa, policarbonato translúcido y vidrio, alternando grados de opacidad y paso de luz.
La propuesta utiliza pocos materiales y detalles simples para potenciar la implantación y la contundencia proyectual. Un parque de gramíneas genera un borde difuso entre el proyecto y su contexto, funcionando como un espacio interactivo de juego y encuentro.
Un sendero rojo recorre e invade el predio tejiendo el proyecto en su totalidad. Al igual que en el lienzo de Matisse, este elemento estructurante define la circulación y la continuidad espacial a través del terreno, generando un marcado contraste con el entorno natural.
Concebida como un amplificador espacial y mirador hacia Parque Miramar. Se utiliza la madera para aportar rusticidad y calidez, aplicándose tanto en el pavimento del recorrido como en el cielorraso de La Corneta para equilibrar la estructura metálica.
Un límite suave y natural entre el predio y su entorno. Esta capa paisajística actúa como un umbral donde la geometría arquitectónica se funde con la naturaleza, ofreciendo áreas exteriores flexibles para el esparcimiento.



















INFO
PROGRAMA:
Centro Comercial
ÁREA:
500m2
UBICACIÓN:
Parque de Miramar, Canelones, Uruguay.
EQUIPO:
HMOZ + Estudio Queirolo Cantera.
FOTOGRAFíA:
Nacho Correa, Marcos Guiponi.
El color en La habitación roja de Henri Matisse invade toda la obra: un mantel estampado que sube, se pliega y se transforma también en pared. Lo único que rompe con la paleta es el paisaje de fondo, de un verde opuesto e intenso. El proyecto arquitectónico comparte con La habitación roja este mismo diálogo con su entorno, además del nombre de su autor.
El sistema constructivo es prefabricado y montado en obra seca en su amplia mayoría. Una trama metálica estructura la totalidad del proyecto, dándole forma y expresión. Los cerramientos se resuelven mediante chapa, policarbonato translúcido y vidrio, alternando grados de opacidad y paso de luz.
La propuesta utiliza pocos materiales y detalles simples para potenciar la implantación y la contundencia proyectual. Un parque de gramíneas genera un borde difuso entre el proyecto y su contexto, funcionando como un espacio interactivo de juego y encuentro.
Un sendero rojo recorre e invade el predio tejiendo el proyecto en su totalidad. Al igual que en el lienzo de Matisse, este elemento estructurante define la circulación y la continuidad espacial a través del terreno, generando un marcado contraste con el entorno natural.
Concebida como un amplificador espacial y mirador hacia Parque Miramar. Se utiliza la madera para aportar rusticidad y calidez, aplicándose tanto en el pavimento del recorrido como en el cielorraso de La Corneta para equilibrar la estructura metálica.
Un límite suave y natural entre el predio y su entorno. Esta capa paisajística actúa como un umbral donde la geometría arquitectónica se funde con la naturaleza, ofreciendo áreas exteriores flexibles para el esparcimiento.
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